A diferencia de la ola de cambios -de tendencia democrática e igualitarista que recorre América latina en los últimos 10 anos -después de la catastrófica moda neo-liberal impuesta por el FMI, el Banco Mundial y los estados Unidos, Francia da la novedad. Con una mínima superioridad de votos, la mitad de los votantes franceses ha apoyado políticas que producen, con el solo recuerdo, comezón a la mayoría de locales y de latinoamericanos, que conocen los efectos devastadores de estas propuestas -principalmente a los desocupados, los inmigrantes, los trabajadores y a las pequeñas empresas-. ¿Efecto conservador tardío, copia y seguidismo mal hecho del idolatrado amigo del norte?, o simplemente ¿re-configuración del mapa político francés, que merita sospechar del viejo clivaje político izquierda- derecha?
Si bien los viejos esquemas para pensar la política de los Estados-Nación, en el contexto de la mundialización económica, necesitan actualizarse, los ganadores y perdedores en el juego de la distribución de la riqueza (y por consiguiente el sentido dado a la igualdad, la justicia, la libertad como valores) esta lejos de clausurarse. El “centésimo aquí” convoca de ambos costados, pero no puede salvarse de tomar posición a la hora de decidir acerca de la distribución de la riqueza social, producida colectivamente. Los sectores y las clases sociales minoritarias hegemónicas, que han logrado un consenso contingente de los grupos subalternos -el “centro” incluido-, festejaran ahora la victoria electoral. Mientras, las fuerzas progresistas, socialistas, ecologistas y alter-mundialistas deberán repensar una estrategia de repliegue y defensa, en un primer momento, para un posterior despliegue afirmativo de un proyecto con vocación de poder, a construir y a consensuar en una Europa plural, llamada a jugar un contrapeso alternativo a la decadencia del imperio americano y a la sociedad de consumo.
Nicolás Sarkozy viene a cumplir lo que los movimientos sociales le han impedido en el mandato anterior: flexibilizar el trabajo, bajar impuestos a las ganancias, cambiar las leyes de sucesión y herencia y desde un discurso comunitarista disfrazado de republicano, a cerrar fronteras a la inmigración. La continuidad lograda por la derecha francesa, puede suponer varios escenarios, no excluyentes, en los próximos cinco años:
1. Como en los cinco años precedentes, la conflictividad social irá en aumento. Nada hace pensar que lo no logrado antes y lo prometido electoralmente ahora, pueda alcanzarse.
2. La integración de los inmigrantes de diversas generaciones, sigue estando al centro de la problemática cultural, social y política. Viejo resabio colonial, que actualiza los límites eurocéntricos de la derecha francesa.
3. La presión de diluir todas las resistencias (por ejemplo, el espíritu de mayo del 68) y las particularidades francesas de protección social, por lo tanto, como consecuencia la posibilidad y proyecto de re-integrarse a la mundialización desde la copia del modelo norteamericano y anglo-sajón, dará la apertura al desacuerdo y a la radicalidad de las luchas, más que al consenso democrático.
4. La continuidad de la derecha francesa en el poder, no va acompañada por renovación de ideas, pero si de liderazgos. Esto puede convertirse en “la victoria del final”, y el riesgo de una conflictualidad que desborde las instituciones republicanas.
5. Puede ser también que sea la oportunidad de los sectores de derecha a la renovación y a la re-configuración de la agenda socio-política, sobrepasando los tabúes e interdicciones de “lo políticamente correcto”.
Hipótesis, posibilidades o tan solo preguntas sobre el futuro que ya llegó. Los actores sociales y políticos, en la mayoría de los casos ciegos por las emociones y/o la ignorancia, sea por apoyo, indiferencia o rechazo recordaran el boon literario latinoamericano de la década del 60 y el 70. El realismo mágico, no precisamente latinoamericano, se encargara de posibilitar las respuestas para las próximas elecciones. Lo que importa ahora no es el resultado, sino lo que viene, el presente que se fuga en un futuro.
Hugo Busso |